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¿Para qué sirve el Protocolo de Familia? con frecuencia, muchas familias tienen la noción de que quieren o necesitan hacer un Protocolo de Familia, sin embargo, terminan con la inquietud de entender ¿para qué sirve? 

Algunas consideran que necesitan un Protocolo de Familia porque sus amigos o conocidos empresarios se lo recomiendan; otros, porque tienen problemas familiares y necesitan resolverlos, y otros porque el banco, los proveedores o los clientes se lo están exigiendo.  

Desde nuestra perspectiva, consideramos que no hay una única razón para construir un Protocolo de Familia dado que depende de diferentes factores, sin embargo, consideramos que esta es una herramienta que ayuda a las familias a:  

  • Tomar decisiones formales sobre temas relevantes, que normalmente terminan abordándose en escenarios familiares 
  • Establecer mecanismos familiares para debatir de manera sana 
  • Generar espacios que ayuden a que los miembros de la familia expresen sus opiniones sobre diferentes asuntos 
  • Construir una mentalidad de “el bien común sobre el individual” 

En contraposición, el Protocolo de Familia NO les va a ayudar a:  

  • Resolver conflictos familiares muy arraigados 
  • Definir soluciones en las que todos, todo el tiempo, estén de acuerdo en lo mismo 
  • Darle la razón a uno u a otro miembro de la familia 
  • Favorecer a uno u otro miembro de la familia de forma individual 

Por tanto, antes de que una familia decida construir un Protocolo de Familia, es necesario que tenga muy claro qué es lo que busca al hacerlo para entender si realmente esta es la herramienta o si se necesitan otro tipo de recursos.  

Las familias y sus integrantes deberían responder las siguientes preguntas:  

  • ¿Qué tan fácil es para nosotros, como familia, hablar sobre temas difíciles sin terminar peleando o en un conflicto mayor?  
  • ¿Qué tanto estamos dispuestos a cambiar ciertas cosas en pro del bienestar general de la familia?  
  • ¿Qué tanto escuchamos a los demás miembros de nuestra familia? Especialmente a los que piensan diferente a nosotros 
  • ¿Qué tanto creo que yo tengo la razón y mi familia está equivocada?  
  • ¿Qué tantos problemas de comunicación tenemos?  
  • ¿Qué tan unidos estamos frente a la visión de los negocios? 

Estas primeras preguntas les dan un panorama más claro del lugar en el que se encuentran para entender si un Protocolo de Familia es lo que realmente ayudará a la familia o si se requiere iniciar con procesos de coaching, fortalecimiento de habilidades blandas, resolución de conflictos familiares, etc., para luego si avanzar a la construcción del Protocolo de Familia. Esto es muy importante porque si existen conflictos fuertes, si hay situaciones familiares muy arraigadas, si no hay canales de comunicación abiertos o si realmente se busca favorecer los intereses particulares de alguien, entonces el proceso de construcción del Protocolo de Familia será, además de infructuoso, bastante desgastante y puede terminar acabando con la familia.

Por tanto, no quiere decir que la familia debe ser “perfecta” para poder construir el Protocolo, lo que queremos resaltar es que este proceso debe enfocarse en generar acuerdos y necesitan una base de habilidades y de actitudes para lograrlo. Por ejemplo, hay familias que le temen a estar en desacuerdo y que prefieren no afrontar las cosas, lo que genera implicaciones más graves a futuro, y otras que, por el afán de resolverlos, generan acuerdos poco sanos que luego les cobran factura. En términos generales, el Protocolo de Familia se basa en poner los temas sobre la mesa, en abordar las situaciones que le preocupan a la familia y en generar debates sanos a su alrededor. Por eso, no todas las familias están listas para estos procesos y luego, cuando los arrancan, terminan culpando al consultor, al hermano, al tío, al primo, etc., por el fracaso del proceso.  

Las familias exitosas no son las que nunca discuten sino las que logran hacerlo de manera respetuosa y constructiva. Esas son las familias que perduran, que vencen las adversidades y que logran hacer de sus diferencias una fortaleza, y esto es lo que se busca lograr con la construcción de un Protocolo de Familia. Habrá temas difíciles, sensibles y tensos, por tanto, es necesario contar con facilitadores que ayuden a las familias a generar acuerdos sanos y sostenibles frente a esos asuntos para minimizar el impacto negativo en las relaciones familiares durante el proceso; y habrá otros temas tranquilos, sencillos y agradables en donde la familia fluye con apertura y tranquilidad.  }

En conjunto, todos esos acuerdos constituyen la base de las familias empresarias, porque se convierten en esa hoja de ruta sobre la que construyen su futuro, determinan qué aceptan y qué no, y donde cada miembro de la familia entiende claramente su rol responsabilidades, beneficios y deberes, en pro del bienestar común de la familia. Nuestra metodología está enfocada justamente en esa premisa, en resaltar aquellos acuerdos familiares exitosos que han permitido que la familia avance, en abordar aquellos que les han generado complicaciones, y en determinar soluciones o alternativas sanas para lograr llevarlos al siguiente nivel.  

¿Para qué sirve el Protocolo de Familia?

El Protocolo de Familia es un acuerdo de voluntades en donde se requiere compromiso de los miembros de la familia tanto para su construcción como para su posterior implementación, y deben ser muy conscientes de que, así como están dispuestos a premiar el esfuerzo y la dedicación de sus integrantes, también deberán sancionar los incumplimientos en pro de mantener el Protocolo de Familia vivo, funcional y coherente. 

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